• gabriela

de esas benditas consecuencias


Llevo veinticuatro días de aislamiento social; quizás he sido de las primeras montevideanas en tomar esta conducta promovida por Inés que está dentro de la población de riesgo y beneficiada por mis condiciones laborales.


En estos días he intentado mantenerme ocupada, sin rutinas estrictas pero productiva y sobre todo en calma. Selecciono la información a la que accedo, para protegerme del miedo, del hastío y del desasosiego; practico meditación diariamente, así como Pilates. He vuelto a cocinar, a investigar sobre recetas saludables, a conocer experiencias del "buen vivir" en este contexto.


Y aquí estoy, otra vez, alimentando mi alma, escribiendo y compartiendo recetas, lecturas, información sobre la oportunidad de ser - humanos en sintonía con el planeta, cuando el temblor haya pasado.


Este aislamiento podemos verlo como una prisión o como un retiro, todo depende de quién quieras ser luego de esto, de qué preguntas te hagas en soledad, de la mirada que tengas para con la vida.


Por lo pronto, estar aquí nuevamente lo vivo como una bendita consecuencia...




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